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Un lugar para disfrutar de la vida
El rencor y los dicot├│micos
2015/06/15

 

Manuel Carmona Rodríguez


Los ultra conservadores y los utopistas han contribuido con sus maneras y actuaciones, con sus actitudes preconcebidas, a una de las mayores cuestiones pendientes que padecen las relaciones humanas. Se ha convertido en una dolencia que afecta desde las relaciones de la persona consigo misma hasta las relaciones de los pueblos con otros países. Como sabéis, queridos lectores, afectan también a las relaciones interpersonales (de amor, de amistad, familiares), a las relaciones intergeneracionales y sociales. Llevamos años soportando este dolor cotidiano.

En las relaciones establecidas entre las diversas instituciones ya sean públicas, concertadas o privadas también se ha enquistado esta enfermedad. Cuando los egos de unos y otros llegan a su máximo punto de incandescencia, se producen los choques y conflictos, que antes también existían, pero eran larvados. Hasta que fermenta la levadura.

¿Quiere esto decir que tengamos que renunciar a acabar con aquello de la realidad erróneo, injusto o con aquella circunstancia no atendida?

No, para nada. Todo lo contrario. Lo erróneo exige una rectificación y hacer aquello que hay que hacer para convertirlo en acierto. Lo injusto hay que erradicarlo hasta hacer justicia, y con ello dar un buen y bello ejemplo a todas las personas. La circunstancia no atendida ha de ser escuchada, observada y atendida.

¿Quiere esto decir que todo lo que perdura es equivocado, injusto o ha de dejar de ser atendido?

No, tampoco. Es necesario separar el trigo de la paja -aunque con esta también algo valioso con intuición, ingenio, innovación y desarrollo se pueda hacer-. Lo equivocado hay que convertirlo en acierto, o cuando menos intentarlo. Lo injusto cortarlo de raíz y que todos aprendamos. Y lo que ya es atendido pues que siga siéndolo pero no por todo el mundo o por la mayoría. Respecto a esto último, una aclaración más: por ejemplo, la conservación y el desarrollo de cualquier fiesta tradicional en España o en el Mundo. No todo el mundo tiene que participar en esa labor ni dedicarse sobre esfuerzos y recursos de más a ello. A no todo el mundo le tiene que gustar esa fiesta, pero sí ha de aprenderse a respetar la tarea de quienes lo hacen y valorar su proceder cuando no va unido a vanidades ni egos desmedidos ni a poner el cazo.

Unos invocan a los espíritus más exacerbados del romanticismo para defender sus tomas de posición. A esos hombres y a esas mujeres les pregunto: Dado que todos los nacidos vamos a morir, ¿os gustaría hacerlo sin haber llegado a los cuarenta años, enfermos y denostados como Gustavo Adolfo Bécquer? ¿Irse a la otra vida sin haber podido desarrollar todo su talento y sensibilidad no solo en la poesía sino en las restantes circunstancias de la vida? ¿Morir sin haber vivido el auténtico amor de pareja que se realiza a diario? Miren, cambien sus vocaciones o proyectos de vida, y el camino y los resultados…

A los del bando de enfrente, les cuestiono, si antes de dar su último suspiro en esta vida, ¿van a seguir pensando solo en la egolatría que practican en ciertos consejos de administración como accionistas o ejecutivos, o haciendo de sus altos cargos públicos ejemplos de arbitrariedad? ¿O si van a seguir practicando como modus vivendi la vanidad de ser el próximo presidente del país, de la región o del ayuntamiento y no pensar como buen político en las circunstancias comunes? O aquellas que llevan cada día trajes y zapatos de tacón de firmas de moda de lujo, ¿serán capaces de no vivir sometidas por el yugo de esos hábitos? O, ¿van a seguir renunciando a una sencilla comida junto a un buen amigo y gozar con una conversación para el recuerdo?

Lo curioso es el papel que unos y otros juegan en esta tramoya. Unos y otros intentan arrastrar consigo a cuanto más mejor para que los acompañen en esta perversa y diabólica realidad, habitual en el día a día del mundo en que vivimos. Utopistas y ultra conservadores a través de creencias rancias arraigadas intentan que las masas les acompañen en sus batallas. Los planteamientos del maestro Ortega sobre las ideas y creencias requieren un paso más. Y en ello ando, espero no ser la única persona. Bienvenidas las que se sumen para incluir y compartir. Utopistas y ultraconservadores presentas sus usos, hábitos y costumbres muchas veces, demasiadas, como creencias o ideas irrenunciables, como la mejor y única manera y propuesta de vivir y convivir.  

Se presentan ambos contendientes como los garantes de la verdad, de la autenticidad, de los parabienes en esta vida. Proclaman unos y otros que son los defensores de la Libertad, la Fraternidad, la Igualdad y la Justicia Social. Esas son las ideas que unos y otros afirman que van a lograr establecer. La realidad nos muestra desde Madrid a Moscú, desde Lisboa a Lima, desde Alaska a Tierra del Fuego, que los más importantes y básicos derechos de cualquier constitución democrática, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de los Estatutos de los Trabajadores y Convenios Colectivos, hoy en demasiados casos son aguas de borraja. ¿Por qué?

Los porqué son múltiples y en la mayoría de los supuestos están vinculados en mayor o menor medida a la Teoría y Práctica de la Ley de las causas-efectos. Por supuesto que el azar también interviene. La importancia y trascendencia de este último es algo a valorar, a ponderar, pero no es este el momento ni el sitio. Para ir cerrando esta crónica, a la que daremos continuidad en próximas, voy a ofreceros un caso evidente: la diferencia del cuidado en las calles, plazuelas y avenidas -circunstancia pública, incluso a veces en las viviendas -circunstancia privada-, que se da entre los municipios otrora pueblos y las grandes ciudades.

¿Quiere esto decir que no haya excepciones en uno u otro supuesto? ¿Tiene que estar constituido el pleno de cualquier ayuntamiento para que los servicios de limpieza sigan haciendo bien o empiecen a hacerlo lo que tienen que hacer y por lo que cobran bien desde hace años -caso de Lipasam en Sevilla-?

Por supuesto que sí, y como se nos enseñó desde los tiempos de Sócrates o de Hipatia de Alejandría, hay que ir a cada caso concreto.

Les animo a que cuando visiten cualquier otrora pueblo de España se detengan a ver el estado de limpieza, de cuidado, de respeto, hacia el mobiliario y las infraestructuras públicas. La atención y el esmero por hacer de la vivienda un hogar donde se puede vivir y convivir. Por cierto, ambas creaciones universales, lideradas y realizadas por mujeres concretas con sus biografías y circunstancias, y transmitidas de unas a otras conformando un testigo intergeneracional irrenunciable. Respetadas por hombres -salvo los cenutrios que haberlos los hubo y haylos, o por divas ególatras con alma y actitud de florero con fecha de caducidad- que sabían del valor, de la importancia y de la trascendencia de aquellos cotidianos y majestuosos logros humanos.