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El cine negro y la tragedia clásica (y 2)
2014/10/22

José Armenta

5. Error trágico y culpa: La fatalidad puede presentarse como error humano que surge en el contexto de incertidumbre anteriormente descrito. Puede tratarse de una simple equivocación que provoca una desgracia, pero a menudo las fronteras entre lo involuntario y lo intencionado no están nítidamente dibujadas, y de hecho el término griego hamartía, empleado por Aristóteles en su Poética para aludir a este rasgo arquetípico del héroe trágico, significa a un tiempo extravío del camino, equivocación y falta, pecado.  

El error aciago desvincula el fatum de los factores externos y lo centra en la acción de un individuo marcado por la culpa, lo que permite al autor adentrarse en los entresijos de su espíritu torturado. En la tragedia griega el ejemplo paradigmático es Edipo, pero hay muchos: Agamenón, Ayax, Deyanira (que en Las Traquinias le ofrece a Heracles un filtro de amor sin saber que en realidad es un veneno que acabará con su vida); lo encontramos, siglos más tarde, en la ofuscación de Hamlet cuando mata al padre de Ofelia y de Otelo cuando condena a Desdémona. Casi ninguno de ellos se puede considerar responsable de su error o falta de lucidez (de su ceguera, en suma), pero todos llevarán sobre su conciencia las funestas consecuencias de sus actos.    

En el cine negro el error fatal es un leit-motiv de muchos guiones, pero, a nuestro juicio, sonChinatowny Sangre fácil (en cuyo inicio la protagonista declara quizás esté a punto de cometer un error justo antes de proponerle a su acompañante el inicio de una relación ilícita que tendrá atroces consecuencias) las que con más talento ponen de relieve la disparidad trágica entre la realidad y las apariencias, con la carga de perplejidad, incomunicación y soledad que esa disyunción conlleva. 

BLOOD SIMPLE (SANGRE FÁCIL) https://www.youtube.com/watch?v=eUDykkoF60c (3’30 a 7’09)

Un ejemplo notorio de culpa trágica lo encarna el sueco, protagonista de Forajidos, que al ser avisado por un amigo de que dos asesinos vienen a matarlo decide esperar su fin sin hacer nada, con un aire de resignación que parece surgir de una desesperanza infinita. Su actitud serena, tumbado mansamente en la cama, contrasta con la agitación de su informante:  

–EL SUECO (tras recibir la noticia de la llegada de los matones): No hay nada que yo pueda hacer.

–EL AMIGO: ¡Puedo describirte qué aspecto tienen!   

–EL SUECO: No quiero saber cómo son.

–EL AMIGO: ¿Quieres que llame a la policía?

–EL SUECO: No, no harían nada bueno.   

–EL AMIGO: ¿Puedo hacer algo por ayudarte? 

–EL SUECO: No hay nada que hacer.  

–EL AMIGO: ¡Podrías marcharte de la ciudad! 

–EL SUECO: No, estoy harto de andar de un lado para otro.

–EL AMIGO: ¿Por qué quieren matarte?

–EL SUECO: Hice algo incorrecto en una ocasión. Gracias por venir.  

(En inglés, el término usado en la última frase, I madesomethingwrong, incide en la ambigüedad de la acción cometida, pues vale para indicar tanto un error involuntario como un acto moralmente reprobable. En ese sentido, wrong está más próximo que error a la palabra griega hamartía). 

THE KILLERS (FORAJIDOS)

https://www.youtube.com/watch?v=jJm3ixVQKnw (9’15 a 11’45)

En el cine negro las lacras relacionadas con sórdidos episodios familiares no son tan frecuentes como en la tragedia griega, donde los lazos de sangre y la culpa heredada tienen una presencia constante (Edipo, Electra, Agamenón, Orestes, Fedra…). Un par de ejemplos cinematográficos: la protagonista de El sueño eterno se ve obligada a encubrir las peligrosas andanzas de su hermana ninfómana; la femme fatale de Perdición seduce al novio de su hijastra para utilizarlo en sus maquinaciones.

El incesto de Chinatown (cuya intención alusiva a Edipo se hace obvia en el disparo final que le atraviesa el ojo a Evelyn) sirve, entre otras cosas, para mostrarnos el grado de cinismo y vileza moral de Noah Cross, y viene a ser la cara complementaria de su falta de escrúpulos en el tema del agua y de la trama inmobiliaria. Es significativa su respuesta al detective cuando éste alude a esa relación incestuosa: No me culpo por ello. Verá, señor Gittes, la mayoría de las personas no tienen que afrontar el hecho de que en el lugar y el momento apropiados son capaces de cualquier cosa.    

6.La identificación, señalada por Aristóteles, de los espectadores con el héroe atormentado de la tragedia se produce también con los protagonistas del cine negro, incluso cuando delinquen o asesinan. Nos angustia la suerte del agente de seguros de Perdición o de los amantes de El cartero…porque de algún modo los sentimos víctimas a la vez que culpables, marionetas de sus pasiones, de la fatalidad o de las malas artes de otro personaje. Aunque en campos completamente distintos, tanto aquellos como estos se sitúan en una línea de ambigüedad moral al verse abocados a una encrucijada de valores o de códigos éticos.  

Antígona ha de elegir entre la ley de la polis y la ley de la sangre, Prometeo entre obedecer a Zeus o ayudar al género humano, Orestes (como su vástago literario, Hamlet) entre la reparación del asesinato de su padre y el amor que siente por su madre… No se trata del cumplimiento o desacato del deber, sino de optar entre dos códigos de conducta que responden a ámbitos morales diferentes y yuxtapuestos. Por eso somos conscientes de que ese tipo de conflicto (que no es, desde luego, el único que se plantea en las tragedias) no puede tener un desenlace satisfactorio. 

Muy diferente es la ambigüedad moral del cine negro, que se pone de manifiesto en la franja difusa entre legalidad e ilegalidad por la que suele moverse el detective, acompañado de una multitud de policías, jueces y políticos corruptos que dan prueba de lo frágil y permeable que es la línea que separa la ley del  delito (Sed de mal, Chinatown, L.A. Confidential). Los dilemas de estos personajes suelen ser esquemáticos: la elección entre lo que les dicta la pasión y lo que marcan las leyes, las normas sociales o la conciencia; pero en algunos casos el conflicto entre sistema legal y código personal de conducta se plantea de forma más matizada:

En Chinatown, el detective Gittes oscila entre su vinculación amorosa con Evelyn, de la que no acaba de fiarse, y su deseo de colaborar con la policía para esclarecer el caso; las falsedades que ella había levantado con cierta torpeza para proteger su intimidad juegan en su contra provocando los recelos de Gittes, quien en la misma escena pasa de acusarla y golpearla brutalmente a tratar de ayudarla una vez que descubre el terrible secreto que la había obligado a mentirle; pero será, una vez más, demasiado tarde.  

CHINATOWN: https://www.youtube.com/watch?v=Wr3edVsHkj0  

Un itinerario inverso es el que sigue HollyMartins, el escritor encarnado por Joseph Cotten en El tercer hombre, que se debate entre la lealtad a su amigo Harry (ejercida de forma incondicional por Ana, la amante de éste) y su conciencia cívica, a la que apela el jefe de policía que le pide ayuda para detener a Harry por traficar con medicamentos; el código de la amistad se impone al principio, pero la visión de los efectos de los fármacos adulterados lo lleva a traicionar al amigo, lo que suscita el desprecio de Ana, de la que está profundamente enamorado. El dilema entre interés personal y bien colectivo lo resuelve cínicamente Harry en la famosa escena de la noria, con la descripción de los seres humanos como simples puntitos negros que pueden ser abatidos sin mayor remordimiento. La secuencia final en las alcantarillas de Viena ilustra magistralmente el territorio de indignidad y abyección por el que se mueve Harry con excepcional desenvoltura.  

EL TERCER HOMBRE: escena de la noria https://www.youtube.com/watch?v=QkobzmOiHjU

EL TERCER HOMBRE: escena final https://www.youtube.com/watch?v=bvnjHevRceQ

Del mismo modo que se ha dicho que la tragedia griega surge de la tensión entre la tradición del mito y las innovaciones políticas de la polis, podríamos decir que el cine negro debe buena parte de su fértil existencia a la tensión entre los ideales democráticos norteamericanos y la persistencia de la injusticia, los abusos de poder y la corrupción en importantes estratos de la sociedad, que se había puesto especialmente de manifiesto durante la Gran Depresión; de la conciencia, en suma, de que el sistema democrático funciona a medias. En ese sentido, es quizás el género que con más fuerza nos muestra, sin aludir directamente a ello y en muchos casos sin pretenderlo, el reverso siniestro del sueño americano, al que tan buenos servicios ha prestado siempre la industria de Hollywood.